Salud trabaja protocolo para la atención hospitalaria de reclusos

Salud trabaja protocolo para la atención hospitalaria de reclusos

Los hospitales General San Juan de Dios y Roosevelt continúan recibiendo a privados de libertad en consulta externa y emergencias, cada uno con reglas internas para mantener la seguridad del personal y de los pacientes. Mientras, el Ministerio de Salud avanza en un protocolo general para continuar con la atención a los reclusos en los centros asistenciales públicos.

Sin embargo, el compromiso es que, a mitad de año, el Sistema Penitenciario fortalezca las clínicas de atención en los centros carcelarios, para que se ocupen de la población reclusa y los casos que se trasladen a los hospitales sean únicamente emergencias, como indica la médico Johana Samayoa, directora del Hospital Roosevelt.

La discusión del protocolo para la atención de los privados de libertad surgió a raíz de una llamada que advertía sobre una bomba en el área de Medicina Interna del Hospital Roosevelt, en agosto pasado. Este hecho sacó a luz varias amenazas directas y anónimas contra el personal de salud. El Ministerio Público llegó a registrar siete denuncias.

El protocolo general ya fue revisado por las autoridades de ambos hospitales, que hicieron sugerencias para mejorarlo, como implementar la telemedicina, una evaluación exhaustiva del paciente antes de trasladarlo a los hospitales y que otros centros asistenciales admitan a los reclusos, pues la mayoría son referidos al General y al Roosevelt. El documento está en proceso de análisis.

Según la Dirección General del Sistema Penitenciario (DGSP), cada semana cerca de 30 privados de libertad son trasladados a los hospitales de la red pública para ser atendidos tanto en la consulta externa como en las emergencias.

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Parte del problema es que, si bien 22 centros penales del país tienen clínica médica, con medicina y equipo básico para dar atención primaria a los reclusos, solo cuatro cuentan con un médico permanente: Preventivo de la zona 18, Santa Teresa, Renovación I y Cantel. El único que carece de un espacio de este tipo es el cuartel Matamoros, en la zona 1, que comparte médico con el ubicado en Mariscal Zavala.

Trabajo interno

Tanto el Hospital Roosevelt como el San Juan de Dios tienen su protocolo interno para atender a los reclusos.

En el caso del Roosevelt, se mantiene la presencia de la Policía Nacional Civil (PNC) y del Ejército en los alrededores. Samayoa indica que hay dos clínicas fuera del área de emergencia donde son evaluados; si no ameritan atención, se descartan de inmediato y se regresan al preventivo. Si llegan por una cita, se movilizan a la consulta externa. Se trata de agilizar el diagnóstico o los exámenes que requieran, para que permanezcan el menor tiempo posible en el hospital. No se atiende a ninguno que no lleve orden de juez.

Hay asignadas tres personas que son el enlace con el Sistema Penitenciario. Ellas se encargan de organizar las citas, recibir a los reclusos, avisar si son de alto impacto y coordinar con los médicos para agilizar la atención. A diario, llegan al hospital un promedio de 12 privados de libertad.

El Hospital Roosevelt tiene dos clínicas en donde son atendidos los privados del hospital. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)

Si bien los médicos no están de acuerdo con recibir a los privados de libertad en los hospitales públicos, no les niegan la atención, pues, como todo ser humano, tienen derecho a la salud.

En el caso del General, hay un espacio físico específico para atender a los reclusos; sin embargo, este resulta insuficiente, pues a diario llegan hasta 15 reclusos, y en el lugar también permanecen los custodios.

Durante 2024, la DGSP trasladó a mil 409 privados de libertad a hospitales nacionales, regionales y departamentales. Según Salud, la mayoría son enviados al General y al Roosevelt.

Protocolo de atención

Los riesgos la seguridad en los hospitales, como las amenazas de bomba o atentados contra privados de libertad, han llevado a la discusión de un protocolo especializado.

El Ministerio de Salud indicó que las reglas de atención ya cuentan con la opinión técnica de los hospitales y que las coordinaciones de seguridad se harán con la DGSP, tomando en consideración el grado de peligrosidad de los reclusos.

Según el protocolo, la DGSP debe cumplir con la guardia y custodia del privado de libertad, dar el aviso al enlace, coordinar con el equipo de seguridad del hospital, realizar el traslado del recluso hacia el centro asistencial y regresarlo al centro de detención.

1 mil 409 privados de libertad son trasladados al año a los hospitales públicos para recibir atención médica.

¿Cómo funciona

Según el protocolo, cada privado de libertad debe contar con la papelería completa para ser trasladado al hospital, incluido el carné hospitalario en caso de asistir a consulta externa, así como una orden judicial.

Al respecto, la DGSP señala que el enfermero de cada centro de detención es quien custodia los carnés hospitalarios de los reclusos y que, 15 días antes de la cita programada, el médico o enfermero de turno envía un oficio al director del centro de detención, quien solicita al juzgado correspondiente la orden judicial para su salida.

Si se trata de una primera cita, se pide la intervención del médico forense autorizado por el Instituto Nacional de Ciencias Forenses (Inacif), para que emita su dictamen sobre el caso y el juzgado cuente con los elementos necesarios para otorgar la autorización.

En situación de emergencia, el médico o enfermero de turno en el centro evalúa si el caso puede resolverse en la clínica médica del lugar o si amerita el traslado. En este caso, debe enviar un informe al director de la cárcel, quien coordina el permiso para enviarlo a un hospital.

La DGSP reconoce que el personal penitenciario es limitado para realizar el traslado y la custodia de los reclusos en los servicios de salud, por lo que coordina apoyo con la PNC, según el grado de peligrosidad de los reos.

El protocolo indica que la Unidad de Traslado de Presos (UTP) debe permanecer en el hospital hasta que el reo regrese a la prisión.

Sin embargo, la DGSP señala que no cuenta con suficientes unidades para que, después de cumplir con el traslado, estas esperen en el lugar al privado de libertad, ya que se utilizan para otros movimientos y realizan un recorrido antes de regresar por el recluso al hospital. No obstante, está en proceso de adquirir más vehículos para cubrir este requerimiento.

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